Hace seis años, mi vida dio un giro inesperado. Todo comenzó con un simple mensaje en Facebook. Él llegó con una sonrisa que iluminaba mi pantalla y unos ojos en los que me perdí desde el primer momento. Sabía que sería alguien especial, pero nunca imaginé cuánto me marcaría, cuántas veces nuestros caminos se cruzarían y cuántas veces intentaríamos hacer que funcionara. Al principio, todo era tan sencillo. Nos hicimos amigos, buenos amigos. Compartíamos risas, sueños y secretos. Aunque ambos estábamos en otras relaciones, había algo entre nosotros que no podíamos ignorar. Él llegó a mi vida como un huracán, revolucionando todo lo que creía tener planificado. Yo tenía mi futuro arreglado, sabía lo que quería, pero él lo cambió todo. Y ahí estaba yo, viéndolo todo, viéndolo a él. Era como un ángel caído del cielo, con esos ojos en los que juro que me perdí desde que los vi. Esos ojos que me hacían pensarlo todo el día. Al principio, fue una bonita amistad, pero con el tiempo, las cosas cambiaron. Ambos terminamos nuestras relaciones anteriores, y sin pensarlo, el amor surgió entre nosotros de manera inesperada. Nuestras charlas se volvieron más frecuentes, y el tiempo volaba cuando estábamos juntos. Un día, decidimos darnos una oportunidad. Al principio, todo marchaba bien. Parecía una relación bonita y sincera, pero un día, todo cambió. Descubrí que me había sido infiel, y ese descubrimiento me rompió el corazón en pedazos. Dejé de saber de él durante dos años, pero su recuerdo nunca se fue del todo. Dos años después, reapareció. A pesar de todo, decidimos darnos otra oportunidad. Pero esta vez, la distancia nos separó. Intentamos hacer que funcionara, pero era demasiado difícil. Aunque esta vez, decidimos quedarnos como amigos. El destino nos volvió a unir tiempo después. Aún existía esa conexión que nos unía, y decidimos intentarlo una vez más. Pero esta vez, fui yo quien terminó la relación. Mis estudios en la universidad me exigían mucho, y sentía que no podía darle el tiempo que merecía. Casi dos años después, apareció de nuevo. Esta vez, estuvimos juntos cuatro meses, pero de un día para otro, desapareció. No supe más de él hasta hace poco, cuando reapareció en mi vida como amigo. Hoy, miro hacia atrás y agradezco por todo lo que viví. Aprendí que el amor no siempre es suficiente, que la distancia y el tiempo pueden ser obstáculos insuperables, y que a veces, las personas llegan a nuestra vida no para quedarse, sino para enseñarnos algo. Esta historia me hizo más fuerte, más sabia y, sobre todo, más consciente de lo que merezco. Aprendí que primero me amo y luego lo amo. No estoy hablando de egoísmo, solamente de prioridades. Ahora sé que yo voy primero antes que mi pareja y eso no es negociable. No puedo darle más que a mí porque no es sano descuidarme y quedarme a deber. Soy mi mejor decisión siempre. Antes de él, no sabía estar sola. Pasaba de una relación a otra, pero luego de él comencé a hacerlo todo sola y amé esa nueva faceta de mi vida en la que descubrí que soy mi mejor compañía. Aprendí a honrar mis decisiones. Por mucho que lo hubiera amado, él me lastimó por decisión, por lo que yo tomé la mía y fue irme y no volver. Ser firme me costó muchas lágrimas, pero tenía que darme mi valor y continuar sola. Aprendí que la soledad te da paz. Esa tranquilidad que encontré después de sanar y darme un tiempo fuera del amor de pareja me ayudó a poder cambiar mis malos paradigmas del amor y poner límites sanos. Pero principalmente, aprendí que en una vida sí se puede volver a nacer y, por lo tanto, volver a tener múltiples oportunidades. Hoy escribo estas líneas porque, sin importar cómo terminó todo, he decidido atesorar la mejor parte de nuestra historia. Quiero que sepas que, a medida que nuestra relación avanzaba, aprendí a conocerme como nunca antes, aprendí a ser vulnerable y a exponer mis defectos. A veces tuve miedo de que me rechazaras, pero tenía que pasar por todo eso para entender la importancia de aceptarme tal y como soy. Aunque no todo lo que vivimos fue perfecto, en el fondo entiendo que nada es un accidente y que nuestros momentos juntos debían ser así, tal y como fueron. Estoy aprendiendo a no arrepentirme de lo vivido y a entender incluso los recuerdos difíciles como una lección de vida… Una oportunidad para ser mejor. Yo te quería y confiaba en ti, ¿sabes? En realidad, no pedía nada extraordinario, pero si lo hubiese sabido no hubiese permitido que me dañaras. No voy a olvidar nunca lo insoportable que es este dolor ni lo mucho que me ha enseñado. Al fin y al cabo, te tengo que dar las gracias por algo. He aprendido que no puedes darle a alguien algo que no quiere recibir. Te permitiste el lujo de dejármelo demasiado claro; tanto como lo importante que es saber lo que es malo en tu vida y te está consumiendo. Ha tomado un tiempo, pero finalmente me he dado cuenta de que simplemente no éramos adecuados el uno para el otro, y que a veces no importa cuánto luches, porque algunas diferencias son inconciliables. Quiero que todo empiece de cero, quiero que mi vida vuelva a ser solo mía y luchar por mi propia felicidad. Lamentablemente, ya no puedo hacerlo a tu lado, ya no puedo seguir intentando cambiar a una persona que aún no sabe amar. Di todo de mí, di todo el amor que pude, di cada segundo de mi día… nada te bastó, nada te importó. Ahora es cuando comprendo que no podemos seguir juntos. Prometí rescatarme a mí misma y en esta carta intento hacerlo. No negaré que te sigo amando, que cada parte de mi corazón te pertenece y no sé por cuánto tiempo sea así. Solo que, a pesar de todo ese cariño, no puedo seguir a tu lado. Ya no puedo vendar mis ojos y excusar cada dolor. Agradezco el que hayas llegado a mi vida. Aprendí mucho de ti y pude soñar en un amor verdadero, aprendí lo que no es amar y aprendí cómo soltar. Necesitaba que llegaras a mi vida para saber qué es lo que no quiero en mi vida nunca más, para saber qué es lo que debo evitar en una relación. A pesar de todo lo que pasó, no te guardo rencor. En su momento, fuiste una parte importante de mi vida y me hiciste feliz. Hubo momentos genuinos que atesoro, instantes en los que sonreí de verdad y que forman parte de mi historia. Aunque el final no fue el que imaginé, prefiero quedarme con lo bueno y seguir adelante sin resentimientos. Espero que un día encuentres a la persona que merezcas y a quien puedas amar realmente, porque lo que me diste no era ni una pizca de amor. Querer a alguien no significa mentir cada que respiras, no significa humillarla, no significa engañarla. Todo lo que no debiste hacer, lo hiciste conmigo. Espero que de todos estos meses hayas aprendido algo y que puedas crecer como persona.